El verano se acerca como una caravana de feriantes ruidosos
Un ruido como de edificios que caen irrumpe en el silencio del amanecer y asusta a las gaviotas que chillan al unísono y vuelan desordenadas. Después, otra vez el silencio. Para que la luz no te despierte bajo la persiana, que anoche dejaste recogida, y salgo de la habitación. El salón es un campo de batalla. Tu hastío aún perdura en el aire que los primeros rayos de sol, atravesando oblicuos la estancia, hacen visible. Cuando el aire es visible el mundo parece más desordenado, pienso. Preparo con rutina aprendida el desayuno y retomo el libro de Goytisolo donde ayer lo dejé. Lo abandono después de un par de poemas. Tu desesperanza se posa en los objetos cotidianos. Pero esta vez, como tantas otras antes, nos salvará el verano que se acerca como una caravana de feriantes ruidosos con las botas manchadas de polvo y la promesa intacta de la alegría. ¿Cuánto tiempo se quedarán en la ciudad?
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